domingo, 6 de febrero de 2011

NEGACIÓN Y DESAPARICIÓN
por Sir John Whitmore

El capitalismo es un orden económico con imperfecciones que claramente le está fallando a la humanidad. ¿Tiene solución?
LO QUE NECESITAMOS es una economía que esté al servicio de las personas, que permita que los seis mil quinientos millones de personas que somos intercambien bienes y servicios para el beneficio ecuánime de todos.
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Con la caída del Muro de Berlín SE ACABÓ LA ÉPOCA del comunismo. Los muros eran símbolos ambiguos de temor y control, estuvieran destinados a contener a las personas o a mantenerlas alejadas. Ahora también se acaba el tiempo del capitalismo y es irónico que Wall Street (que significa "Calle del Muro") sea uno de sus principales hogares. Para muchos, la posibilidad de que el capitalismo sea otra falla de proporciones comunistas es impensable.
Por lo tanto, ¿qué tan bien o qué tan mal funciona el capitalismo en la actualidad? y ¿bajo qué criterio se debe juzgar?
En términos relativamente simples, funciona mejor que el comunismo en la mayoría de los casos. Sin embargo, si cree que el comunismo soviético era peor que el capitalismo actual en todos los aspectos, mejor pregúntele hoy a un obrero ruso o a las muchas víctimas de los crímenes recientes en Moscú. Sin duda, el capitalismo funciona, pero para la mitad del mundo: la mitad rica. Cualquier sistema que promueva la avaricia competitiva creará bienestar y producirá beneficios considerables como tecnología innovadora, nuevos medicamentos, productos de consumo más baratos, etc.
En términos absolutos, sin embargo, el capitalismo es un error obsceno. Tenemos un mundo en el que más de 40.000 personas mueren a diario por no cubrir sus necesidades básicas, aunque existen excedentes; la explotación comercial está destruyendo nuestro hábitat y con ello, innumerables especies a una velocidad alarmante; se libran guerras por el deseo de controlar los recursos naturales. El capitalismo pone armas letales a disposición de todos, destruye nuestros bosques y priva a los sedientos de sus derechos de agua, todo en nombre de las ganancias. Como si esto fuera poco, en un estudio reciente se demostró que seis de cada diez personas que trabajan dentro del sistema capitalista están en la miseria. Sí; enfrentémoslo, el capitalismo es un error, un miserable error.
Sin embargo, así de horrorosas como son estas situaciones, son sólo las manifestaciones a corto plazo de malestares incluso más graves a largo plazo. El consumismo que todo lo consume ha llevado el viaje evolutivo psicoespiritual de hombres y mujeres occidentales a un punto muerto, o incluso a una regresión, en unas pocas décadas. Mediante la glorificación del exceso material como la meta final de la vida, y recompensando los esfuerzos de ganar en lugar de los esfuerzos por hacer el bien, las personas caen en la trampa de la desilusión de que “nunca nada es suficiente”. La ilusión del progreso, el desarrollo humano insensible y mudo, y la menor importancia del espíritu humano han sido inculcados, en especial a nuestros niños, por los defensores y los beneficios del capitalismo.
Estamos atascados en el nivel de la ganancia material cuantitativa y descuidamos la vida y aprendizaje de calidad. Hemos adquirido mucho conocimiento técnico de nuestro avance material y para éste, pero hemos perdido la sabiduría de implementarlo bien. Las empresas occidentales inescrupulosas promueven la adquisición sin sentido de excesos, de bienes frívolos y de marcas sobrevaloradas fabricados en lugares distantes por niños que trabajan horas de castigo en condiciones espeluznantes de miseria. Aún más alarmante es que éste puede ser el mejor trabajo que obtendrán.
Para asegurarse un mercado, los países más pobres están obligados a vender sus recursos naturales en el extranjero a precios muy bajos y, quienes se esfuerzan por producirlos siguen sufriendo hambre, mientras que sus colegas agricultores de países ricos reciben subsidios del gobierno. Estos no son nada más ni nada menos que crímenes perpetrados por la arrogancia en contra de la ignorancia y la inocencia. Los líderes políticos y empresariales, junto con la mayoría silenciosa de quienes aceptan sus acciones con apatía, sufren de una mezcla de miopía y negación de proporciones epidémicas.
LA FUNCIÓN PSICOLÓGICA de la negación nos permite retener la capacidad de actuar frente a la crisis para nuestra propia supervivencia. La negación es la forma en que los líderes manejan la culpa que de otro modo sentirían por su duplicidad. Niegan la inequidad que abunda en nuestro mundo; niegan la degradación del ambiente mundial. Los líderes empresariales no aceptan ninguna responsabilidad personal en nada, argumentando que es el trabajo de los políticos y que los directores ejecutivos tienen la obligación legal de maximizar el valor para los accionistas. Sin embargo, la mitad de las economías más grandes del mundo son empresas, no países, y el poder viene acompañado de responsabilidad; a menos que se niegue. La negación nos permite mantener la creencia de la avaricia, que conocemos como capitalismo. El liderazgo político y empresarial, y la mitad de la población de los EE.UU. viven en una ignorancia aislada del mundo real y promueven su forma de vida como la respuesta, y la envidia, para el resto del mundo. Lamentablemente, millones de consumidores emergentes ilusos en países no industrializados están destinados a caer en esto ahora y pagar las consecuencias después.
La avaricia no es algo nuevo. Existía antes del capitalismo. Lo que sucede es que se pone de manifiesto como un estado de alivio incluso más profundo en una etapa particular de la evolución social. Este estado de seguridad/competitividad de la conciencia es lo que motiva a las personas y a las empresas a esforzarse por tener más y más. Esta etapa se describe mejor como la necesidad de estatus y reconocimiento, y como es de esperar con esto tenemos un sistema económico acorde con esa necesidad. El capitalismo lo glorifica, y tanto que se convierte en nuestra forma de vida y mantiene a las personas atascadas. Lo ven como un fin en sí mismo en lugar de verlo como un nivel de paso de la inmadurez que refleja. Ello se acentúa con la caída del Muro de Berlín, porque, en un pensamiento dualista simple, algunas personas se convencieron de que el capitalismo era en realidad el derecho o la mejor estructura social para el mundo en ese entonces.
Una comprensión básica del proceso evolutivo nos debería indicar que es momento de pasar al siguiente nivel; ahora el sistema actual está obsoleto y el daño que provoca es intolerable para gran parte del mundo. El capitalismo fue inventado en occidente por occidentales y ofrece riquezas a quienes se unen al club. Pronto fue tan penetrante y dominante que otras culturas se vieron obligadas a abandonar sus propias opciones evolutivas y a adoptar el sistema occidental o morir. Muchas de ellas murieron de todos modos, pues el capitalismo occidental tenía poco para darles: porque primero se preocupa de los occidentales. El comunismo era visto como la única alternativa y tenía cierto atractivo como contrapeso colectivo para un capitalismo interesado; sin embargo, al menos en la forma en que se impuso y usó incorrectamente en la Unión Soviética, era condenable en cualquier parte.
En su libro Natural Capitalism, Paul Hawken busca dar un fin al capitalismo señalando que no cumple su propia intención establecida de economía de libre mercado. Sin embargo, señala que si hubiera una reestructuración, si ciertos productos y políticas no se subsidiaran, si se consideraran los costos de la sostenibilidad y si las generaciones futuras se tuvieran en cuenta, la mayoría de nuestras acciones perjudiciales serían muy costosas y, por lo tanto, no ocurrirían. Otros apuntan a ciertos capitalistas como Ricardo Semler de Semco y Ray Anderson de Interface que son dignos de mencionar "haciendo el bien", pero afirman que personas como ellos siempre serán la excepción. No es necesariamente así, señala Frank Dixon, el mayor defensor del enfoque de responsabilidad corporativa total, que demostró cuántas empresas podrían beneficiarse enormemente yendo contra el sistema y siendo más éticos, más económicos y más ecológicos. Pero, ¿prestarán atención?
Muchos más defensores del cambio no ven otra esperanza que una fusión económica, un desastre ambiental de proporciones épicas, el descontento social o una guerra para llevar al sistema económico actual a un término oportuno. Esperan que emerja una mejor ave fénix desde las cenizas del capitalismo. Si es así, no se debe llamar capitalismo, porque eso perpetuaría esa definición obsoleta. El capitalismo y el comunismo ya no representan el “vanguardismo” ni doctrinas de moda, sino que ya están obsoletos arcaicos. El “capital humano”, el “capital natural”, los “activos humanos” y el famoso “triple balance” entre lo económico, ambiental y social son frases que sirven para legitimar lo ilegítimamente ético. Cuando cambiamos el lenguaje, cambiamos nuestro pensamiento, reconfiguramos nuestra percepción, nos liberamos de conceptos pasados y estamos obligados a crear nuevos.
El capitalismo ha producido su propio lenguaje que disfraza muchas verdades incómodas. ¿Qué son los inversionistas si no son jugadores? ¿De qué son culpables los ejecutivos del tabaco, si no es de genocidio? - de al menos 9.000 muertes al día que igualan la tasa de muerte más alta de Auschwitz. Hablamos de “daño colateral” cuando en realidad nos referimos a "bajas civiles"; aludimos a "publicidad" y "relaciones públicas" cuando en realidad estamos hablando de "manipulación"; cuando nos referimos al “consumidor", se habla de “engaño”; para una contradicción de términos, se intenta la “ética comercial”. La negación nos lleva a sanear nuestro idioma, mientras que la terminología inflexible nos obliga a enfrentar la realidad. Es tiempo de que nosotros nos liberemos de nuestra negación, nuestro rechazo y nuestra molestia de hablar duramente de un tema difícil. Es tiempo de que nos comprometamos, analicemos y creemos un mejor futuro para todos.
Lo que necesitamos
LO QUE NECESITAMOS es una economía que esté al servicio de las personas, que permita que estos seis mil quinientos millones de personas intercambien bienes y servicios para el beneficio ecuánime de todos. Bajo el capitalismo, las personas comunes y corrientes están al servicio de la economía, en una postura de servilismo o incluso son prescindibles. Dicho cumplimiento sólo debe esperarse si la economía fuese verdaderamente para el bien común; pero no lo es. Tenemos el derecho de exigir una inversión fundamental de prioridad que cambie la naturaleza y el objetivo de la economía a una que coloque a las personas y a nuestro planeta en el centro de la vida, no al dinero y las ganancias. Dicho cambio gatillaría el término inmediato del capitalismo como lo conocemos.
Un número de visionarios a través del tiempo han previsto un nuevo orden económico. Marx fue interpretado de forma incorrecta; Mahatma Gandhi habló de una economía localizada, descentralización, autoorganización y autoadministración; hace menos tiempo, Muhammad Yunus fundó Grameen Bank, el primer modelo exitoso de microcrédito en el mundo. En la actualidad, Bernard Lietaer es uno de los innovadores líderes sobre el tema de los nuevos sistemas económicos. Todos sus aportes son importantes. Sin embargo, el nuevo orden socioeconómico no será diseñado por un visionario ni por un equipo de ingenieros sociales; ni tampoco será adoptado como un producto terminado.
Emergerá y evolucionará desde la voluntad y creatividad de las personas comunes y corrientes como sociedad, como un todo que gradualmente avanza hacia la autocreencia y la autoactualización. En estos niveles, los gustos de las personas se hacen más utilitaristas, ya que no tienen que probarse a sí mismas mediante exhibición material o de poder. Al mismo tiempo, su visión se amplía y su centro gira hacia las necesidades de otros y el deseo de hacer un aporte a la sociedad y a la vida entera. El orden socioeconómico emergente será diseñado y acorde con la expresión de valores inclusivos, humanitarios y colaborativos.
EN MI TRABAJO, conozco a más y más personas ligadas a los negocios que secretamente desprecian el sistema al que pertenecen, que deploran la carencia de valores empresariales, que saben que sus productos y servicios tienen una "pequeña consecuencia", y quienes estarían encantados de salir y hacer algo más importante; pero tienen un hipoteca y un Mercedes que pagar, y 2,4 hijos en escuelas privadas que se sentirían en desventaja y vulnerables sin lo último en ropa de las marcas que sus compañeros ostentan. Se necesita valor para salirse del sistema, más del que la mayoría puede reunir. Por lo tanto se ven obligados a ponerse su traje y corbata y servir al sistema, pero con mayor frecuencia miran por la ventana dudando. El espíritu está naciendo en esas personas y se hacen cada vez más preguntas difíciles.
Sin embargo, aquí hay una anomalía. Quienes ocupan cargos de liderazgo, bajo las reglas antiguas, con frecuencia son quienes están sedientos de poder, los locos por controlar mediante el temor y los inseguros que necesitan algo que probar. Por lo general, los jefes son menos maduros que la comunidad a la que gobiernan y emplean y, por ende, pierden respeto y control. Su temor y negación aumentan, así como sus formas autocráticas, su arrogancia y su aislamiento con respecto a la realidad. Esto es tan evidente en la actualidad entre nuestros líderes políticos y empresariales. El sistema capitalista en que se basa su autoridad se está rompiendo como una capa de hielo con el calentamiento global y los deja flotando, desconectados, inestables y temerosos, como las personas comunes y corrientes, con menos invertido en viejas ilusiones, buscando construir puentes.

Leer versión original, en inglés:


Sir John Whitmore es director ejecutivo de Performance Consultants. Es un pensador prominente en liderazgo y cambio organizativo, y trabaja en todo el mundo con empresas multinacionales líderes para establecer culturas de administración de coaching y programas de liderazgo. Ha escrito cinco libros sobre deportes, liderazgo y coaching, de los cuales Coaching for Performance es el más conocido, con ventas que superan las 500.000 copias en 17 idiomas.